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La Tasa de Automatización Oculta una Cosecha de Almas en la Luna

Mientras las megacorporaciones aceptan financiar la Renta Universal en el Cráter Tycho, un pacto secreto convierte a los beneficiarios en el nuevo recurso a explotar: sus propias mentes.
La Tasa de Automatización Oculta una Cosecha de Almas en la Luna

COMPLEJO TURÍSTICO Y CASINO LUNAR 'CRÁTER TYCHO' | 27 de abril de 2077.-

El aire aquí dentro sabe a dinero y a oxígeno reciclado. Afuera, el silencio absoluto del vacío y el polvo regolítico de eones lo cubren todo bajo la luz cruda de una Tierra azul y lejana. En el Gran Salón del Tycho, los ejecutivos y diplomáticos se deslizan con la estudiada lentitud que impone la sexta parte de la gravedad terrestre, un ballet de cromo, seda y sonrisas afiladas como navajas de monofilamento.

Oficialmente, estamos presenciando la historia. El "Conclave Tycho", la culminación de meses de agrias negociaciones entre el Consorcio de Estados Soberanos (CES) y los titanes corporativos como Vector-Tachyon y Omni-Gen Dynamics. Sobre la mesa de datos holográficos, el acuerdo final del "Gravamen por Desplazamiento de Labor Automatizada" (G-DLA), el impuesto que gravará cada ciclo de procesamiento, cada brazo robótico y cada decisión de IA que ha dejado a miles de millones de humanos obsoletos en el mercado laboral. El dinero, nos dicen, financiará la Renta Básica Universal (RBU), la red de seguridad que evitará que el 90% de la humanidad se muera de hambre.

Una victoria para el pueblo, declarará mañana la Comisaria del CES, Eva Rostova, con su rostro proyectado en cada terminal desde Neo-Kyoto hasta la Zona Autónoma de Buenos Aires. Pero aquí, en la penumbra de los reservados VIP con vistas al desolado Mar de la Tranquilidad, se susurra la verdad. Y la verdad, como siempre, tiene un precio escrito en código binario y sangre.

Mi fuente, un ingeniero de wetware de Omni-Gen con los nervios fritos por la culpa y el neuro-estimulante, me lo filtró en una transferencia encriptada hace tres ciclos. Las corporaciones no lucharon contra el impuesto. Lo acogieron. Lo celebraron en privado. ¿Por qué pagar miles de millones en una limosna global? Porque el G-DLA venía con una adenda, una cláusula enterrada bajo terabytes de jerga legal: la "Cláusula de Optimización de Datos Biométricos".

El acuerdo es diabólicamente simple. Para recibir la RBU, cada ciudadano deberá aceptar la instalación de un "bio-puerto" subdérmico. El argumento oficial es la eficiencia: verificar la identidad, prevenir el fraude, optimizar la distribución de créditos. Una mentira tan grande que se vuelve invisible.

La verdadera función del bio-puerto es la monitorización pasiva de la actividad neuronal.

Vector-Tachyon no solo fabrica los drones que construyen nuestras ciudades; desarrolla las IA de próxima generación que las diseñarán. Omni-Gen no solo sintetiza los nutrientes que comemos; mapea el genoma humano para crear el próximo salto evolutivo. Ambas se enfrentaban al mismo muro: el estancamiento computacional. Sus redes neuronales artificiales, por muy vastas que fueran, carecían de la chispa caótica, de la capacidad de soñar, de la intuición ilógica que define a la conciencia humana. Necesitaban datos en bruto. Datos que ninguna simulación puede replicar.

Y ahora los tienen.

El acuerdo de Tycho no es un impuesto. Es un contrato de arrendamiento. Las megacorporaciones han aceptado pagar por el sustento de la humanidad a cambio de arrendar el espacio no utilizado en nuestros cerebros. Cada sueño, cada pensamiento ocioso, cada destello de inspiración mientras miramos una pared vacía se convertirá en un micro-ciclo de procesamiento para sus IAs. Los desempleados del mundo no serán mantenidos; serán subsumidos. Convertidos en una granja de servidores biológica, una red de procesamiento distribuido de carne y hueso.

Vi a Kaelen Rask, el CEO de Vector-Tachyon, brindar con Rostova. Su traje de corte impecable no podía ocultar la depredadora quietud de un tiburón que huele sangre. Rostova, idealista o cómplice, levantó su copa llena de un líquido ámbar sintético, celebrando la "paz social" que había comprado. No sabe, o no quiere saber, que no ha salvado a sus ciudadanos. Los ha vendido como recurso natural.

Desde esta cúpula de cristal en medio de la nada lunar, la Tierra parece una joya frágil y preciosa. Pero sé que lo que realmente están mirando esos ojos corporativos no es su belleza, sino su potencial de procesamiento. Ocho mil millones de unidades cognitivas listas para ser conectadas.

La Renta Básica Universal no es una red de seguridad. Es el cebo de la trampa más grande de la historia. Y aquí, en la quietud del Cráter Tycho, bajo la mirada indiferente de las estrellas, acaban de cerrar el cepo. La cosecha está por comenzar.