Estudio de 20 años muestra que los implantes cognitivos incrementan riesgos de ansiedad y depresión en usuarios a largo plazo
Por Max Cipher, Veterano periodista de investigación. Cubre los rincones más oscuros del tejido tecnológico global.
Nueva Ámsterdam | 18 de agosto de 2077.- El estudio, liderado por la doctora Elira Voss, siguió a 12.400 voluntarios que recibieron implantes cognitivos de segunda generación entre 2057 y 2059. Durante las primeras cinco años, el 78% reportó mejoras medibles en capacidad de aprendizaje y velocidad de procesamiento. Sin embargo, a partir del año 10, el 34% desarrolló episodios de ansiedad clínica y el 22% mostró signos de depresión mayor, cifras que se duplicaron al llegar al vigésimo año de seguimiento. Los autores atribuyen estos efectos a la sobreestimulación crónica de circuitos prefrontal y límbico, así como a la dependencia psicológica de la augmentación externa. El informe concluye recomendando evaluaciones psicológicas bianuales y la posible regulación de la intensidad de los estímulos entregados por los implantes.
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