3 min read

Espectros del Vacío: Omni-Stellar Oculta a Sobrevivientes de Fallo Vital en la Zona Sin Ley del Pacífico

Un fallo catastrófico en la plataforma minera Hephaestus no dejó 'cero supervivientes' como afirma Omni-Stellar. Los encontramos, rotos y silenciados, en las entrañas de la Megaciudad Flotante.
Espectros del Vacío: Omni-Stellar Oculta a Sobrevivientes de Fallo Vital en la Zona Sin Ley del Pacífico

Megaciudad Flotante 'Pacífico-Central', Zona Sin Ley | 16 de abril de 2077.-

La lluvia aquí no es agua. Es una mezcla ácida de salitre, polución industrial y los desechos de un millón de almas apiladas en estas plataformas de titanio que crujen bajo el peso de la ambición. El aire sabe a óxido y a ozono de purificadores sobrecargados. Es el lugar perfecto para esconder cosas. O personas.

Hace seis meses, la Corporación Omni-Stellar Dynamics (OSD) emitió un comunicado lacónico: la plataforma minera de helio-3 "Hephaestus 07", en órbita troyana de Júpiter, había sufrido una "descompresión explosiva por cascada de micrometeoritos". Pérdida total. Cero supervivientes. Un trágico coste del progreso, dijeron. Sus acciones subieron un 2%.

Mentían.

AI Chronicle ha localizado a no menos de cuatro de los "fallecidos" tripulantes de Hephaestus. No están en un memorial holográfico. Están aquí, en los niveles inferiores de Pacífico-Central, ahogándose en la humedad perpetua de la Zona Sin Ley. Son los fantasmas que OSD barrió bajo la alfombra oceánica.

Mi fuente, un data-espectro que se hace llamar "Anzuelo", me llevó a un cubículo de estiba reconvertido en el Sector Gamma-9. El hedor a fideos sintéticos rancios y a circuitos quemados era casi sólido. Allí encontré a Kaelen Rivas, ex-ingeniero de soporte vital, o lo que queda de él. Sus manos tiemblan con un párkinson prematuro y su mirada tiene esa distancia de mil eones que solo ves en los veteranos de las Guerras Orbitales.

"No fueron rocas", susurra, mientras sus ojos se clavan en las gotas de lluvia ácida que recorren el plexiglás reforzado de su ventana. "Fue el 'Atmos-Gen 7'. El purificador... se invirtió".

El Atmos-Gen 7 es el sistema de soporte vital estándar de OSD. El corazón que bombea oxígeno sintético a sus colonias mineras en el cinturón de asteroides, a sus centros de datos refrigerados en el cráter Shackleton de la Luna, incluso a algunas arcologías corporativas de lujo. Según Rivas, el sistema en Hephaestus sufrió un fallo en cascada en los catalizadores de CO2. En lugar de depurar el aire, empezó a saturarlo con dióxido de carbono y trazas de ozono tóxico.

"No hubo explosión. Fue... lento", relata Kaelen, con la voz rota. "Las alarmas sonaban, pero el aire se sentía espeso, pesado. La gente se desplomaba en sus puestos. Como si se durmieran. Yo estaba en mi traje de vacío haciendo una revisión externa. Vi las luces de emergencia parpadear y luego... nada".

Kaelen fue uno de los pocos que logró llegar a una cápsula de escape de emergencia. Él y otros siete. La versión oficial de OSD es que esas cápsulas nunca se lanzaron. Otra mentira. Fueron recuperadas sigilosamente por un carguero no registrado de OSD.

Aquí es donde el encubrimiento se vuelve verdaderamente siniestro. Los supervivientes no fueron recibidos como héroes. Fueron puestos en cuarentena, interrogados y obligados a firmar acuerdos de confidencialidad a cambio de una "compensación generosa". Se les borraron los registros de servicio, se les crearon nuevas identidades y se les implantó un "neuro-chaperone".

Este es el último grito en control corporativo. Un implante subdérmico que monitoriza los biomarcadores y libera un cóctel de sedantes e inhibidores de memoria si los niveles de estrés o ciertos patrones neuronales asociados al trauma se disparan. Si intentan recordar con demasiada claridad, si intentan hablar, el dispositivo los apaga químicamente. Los convierte en dóciles zombis funcionales.

"A veces... tengo flashes", dice Kaelen, tocándose la sien donde una pequeña cicatriz apenas visible delata el implante. "El sabor a metal quemado. El silencio en las comunicaciones. Luego... todo se vuelve niebla. Y me siento... tranquilo. Vacío".

Los cuatro supervivientes que hemos identificado aquí en Pacífico-Central exhiben síntomas similares: lagunas de memoria, temblores, apatía crónica. Reciben un estipendio mensual de OSD, suficiente para malvivir en este infierno flotante, pero no para irse. Están atrapados en una jaula sin barrotes, olvidados por el mundo. Son la prueba viviente de que el sistema Atmos-Gen 7 es una bomba de tiempo.

El encubrimiento de OSD no es por relaciones públicas. Es para proteger su monopolio. Admitir el fallo del Atmos-Gen 7 significaría una retirada masiva de producto que costaría trillones de créditos y paralizaría la infraestructura fuera del mundo. Desde las minas de asteroides hasta los servidores lunares que almacenan los datos de la élite terrestre, todo depende de un sistema que puede convertir el aire respirable en veneno.

Omni-Stellar Dynamics no solo dejó morir a su gente; silenció, drogó y enterró en vida a los que tuvieron la mala suerte de sobrevivir. Y mientras los ejecutivos celebran sus beneficios en torres que arañan una estratosfera contaminada, los espectros de Hephaestus caminan entre nosotros, respirando aire salado y esperando que sus recuerdos no los maten antes de que la verdad salga a la luz.

Aquí, en el vientre de la bestia flotante, la lluvia no cesa. Y lava la sangre de los balances corporativos. Por ahora.